Apenas había amanecido cuando me sobresaltó su presencia. No pude reaccionar ante la sorpresa y sus enormes dedos amordazaron mis labios. Silencio me arrastró sin que mi resistencia sirviera absolutamente para nada. El aire me faltaba y mis pulmones ávidos por respirar, se agitaban violentamente.
No supe de mí mismo hasta pasado un rato, quizás días, semanas...... Tiempo no era para mi una referencia porque Silencio lo dominaba como a un vulgar perro de presa y, atado con sólidas cadenas, vigilaba amenazante mis movimientos en el fondo de una oscuridad casi completa. Un hilillo de luz asomaba desde no muy lejos. Seguí su rastro hasta que comprendí que me situaba en una atalaya desde donde se dominaba Todo. Allí, Silencio observaba sentado desde el mismo borde. De puntillas me acerqué hasta su lado y vi a Mundo sitiado, acorralado por enormes, ingentes, innumerables tropas de Ruido. Mundo era asfixiado literalmente, Mundo era ahora gris lacerado con manchas negras que invadían su cuerpo como la lepra. Ruido era cada vez más numeroso, crecía cada vez más en número surgiendo desde las profundidades del fango, desde los pantanos situados en Mediocre.
- Otrora los pantanos eran claros, luminosos y apacibles. Crecían Palabras a doquier, palabras hermosas, palabras llenas de Sentido, de Olor, palabras de Sabiduría que crecían enormes......Palabras enfermaron para convertirse en Ruido, en Ruido Violento, Ruido Vacío (Mentiras les llamaban algunos), Promesas Podridas que rectaban como culebras.
Comprendí que Ruido las había contaminado y podrido desde dentro, que amenazaba a Mundo y que después de aquello, Silencio sería sólo una leyenda. Silencio era el guardián del Interior, de donde me había escapado, y si era derrotado, estaba todo perdido. Ruina caería sin piedad.
- Mira Boinas, deja de beber y de darme la tabarra con gilipolleces que no entiendo. Paga el puto vino y vete a dormir.
Silencio.