Por primera vez el aire de la tasca de Manolo no picaba la garganta y la clásica nube azul grisácea que permanecía suspendida como una parte más del decorado y aseguraba una discreta mugre sobre todo objeto que pertenecía a la tasca.
Compartía con Conciencias un chato del maldito y espeso tinto del Manolo.
- Cuando el amo de este corral del género humano tuvo a bien dirigirse a los gallos, cabras, burros y algún que otro tipo listo que ejercía de pastor de poca monta que había creado para darle las Tablas de la Ley, (seguramente porque ya se dio cuenta de que algo no iba bien) y mejorar mediante el sistema de reglas, el asunto ese del comportamiento tan raro de los humanos que le traía de cabeza, escogió al que parecía menos gallo, menos cabra y menos burro de la especie -me suelta el Conciencias se sopetón-
- Quiero imaginar -se me ocurre contestarle- la cara del pobre hombre cuando un rayo divino (porque tuvo que ser muy divino para no socarrarle también las barbas) labró a fuego las tablas con los 10 mandamientos que después de cientos y cientos de siglos, los humanos las seguimos llevando debajo del sobaquillo, bien pretas y cerradas, que resulta más divertido pasárselas por el forro que andar por la vida de santo inmaculado
- Lo que no sabía Moisés es que en un canto de las susodichas tablas de la Ley, un ángel quisquilloso gravó la letra pequeña. Porque me supongo - me recalca- que en el cielo, como en el infierno, imperan el sistema capitalista de libre empresa, es decir, curro a presión, de calidad y con beneficios, eso si, no materiales, espirituales. Y también me supongo que los ángeles y los demonios de vez en cuando la pifiarán de cualquier manera, pero de eso hablaremos tu y yo más y mejor en otro momento.
Bebe un trago y continúa.
- Quería hacer hincapié en la letra pequeña de las Tablas. Decia: “ Tres cosas hay en la Vida, Salud, Dinero y Amor. Y el que tenga esas tres cosas, que le de gracias a Dios, pues, con ellas uno vive libre de preocupación. El que tenga un amor, que lo cuide. La salud y la platita, que no la tire, que no la tire. Hay que guardar, eso conviene, que aquel que guarda, siempre tiene. El que tenga un amor, que lo cuide, que lo cuide. Un gran amor he tenido y tanto en él me confié. Nunca pensé que un descuido pudo hacérmelo perder. Con la salud y el dinero lo mismo me sucedió ” .
- Ja ja , eso es una canción muy buena y sabia.-le respondo-
- Como sabes, la letra pequeña es casi tan importante como la principal, y si no mira la letra minúscula de tu hipoteca, esa que se esconde en el artículo 2345 y que el notario farfulló a toda pastilla y ahora nos crucifica en el espejo cuando nos lavamos las ojeras. El ángel que antes de ejercer de sicario divino, seguramente fue legionario de desgracias, coló en las tablas esta letra como consejo angelical para que los humanos, cuando nos merendamos la Vida, nos acordemos que al final, la salud, el capital y el amor, es la locomotora.
- Me gustaría negociar el orden y las proporciones -le propongo-
- Negociamos lo que quieras pero esta es una verdad como una catedral.
Pago los vinos y salgo de la tasca. Llueve ligeramente, muy fino. Al otro lado del paso cebra un joven con una larga melena ríe de una manera franca, natural y contagiosa con su acompañante. Me produce cierta envidia. El semáforo se pone en verde. El joven empuja vigorosamente las ruedas de su silla sin dejar de reír.
- Estoy seguro de que a veces el jefe tiene motivos para estar orgulloso -pienso- y a pesar de todo, en este gallinero maloliente hay piezas que se ganan el cielo sin pasar por taquilla.
Compartía con Conciencias un chato del maldito y espeso tinto del Manolo.
- Cuando el amo de este corral del género humano tuvo a bien dirigirse a los gallos, cabras, burros y algún que otro tipo listo que ejercía de pastor de poca monta que había creado para darle las Tablas de la Ley, (seguramente porque ya se dio cuenta de que algo no iba bien) y mejorar mediante el sistema de reglas, el asunto ese del comportamiento tan raro de los humanos que le traía de cabeza, escogió al que parecía menos gallo, menos cabra y menos burro de la especie -me suelta el Conciencias se sopetón-
- Quiero imaginar -se me ocurre contestarle- la cara del pobre hombre cuando un rayo divino (porque tuvo que ser muy divino para no socarrarle también las barbas) labró a fuego las tablas con los 10 mandamientos que después de cientos y cientos de siglos, los humanos las seguimos llevando debajo del sobaquillo, bien pretas y cerradas, que resulta más divertido pasárselas por el forro que andar por la vida de santo inmaculado
- Lo que no sabía Moisés es que en un canto de las susodichas tablas de la Ley, un ángel quisquilloso gravó la letra pequeña. Porque me supongo - me recalca- que en el cielo, como en el infierno, imperan el sistema capitalista de libre empresa, es decir, curro a presión, de calidad y con beneficios, eso si, no materiales, espirituales. Y también me supongo que los ángeles y los demonios de vez en cuando la pifiarán de cualquier manera, pero de eso hablaremos tu y yo más y mejor en otro momento.
Bebe un trago y continúa.
- Quería hacer hincapié en la letra pequeña de las Tablas. Decia: “ Tres cosas hay en la Vida, Salud, Dinero y Amor. Y el que tenga esas tres cosas, que le de gracias a Dios, pues, con ellas uno vive libre de preocupación. El que tenga un amor, que lo cuide. La salud y la platita, que no la tire, que no la tire. Hay que guardar, eso conviene, que aquel que guarda, siempre tiene. El que tenga un amor, que lo cuide, que lo cuide. Un gran amor he tenido y tanto en él me confié. Nunca pensé que un descuido pudo hacérmelo perder. Con la salud y el dinero lo mismo me sucedió ” .
- Ja ja , eso es una canción muy buena y sabia.-le respondo-
- Como sabes, la letra pequeña es casi tan importante como la principal, y si no mira la letra minúscula de tu hipoteca, esa que se esconde en el artículo 2345 y que el notario farfulló a toda pastilla y ahora nos crucifica en el espejo cuando nos lavamos las ojeras. El ángel que antes de ejercer de sicario divino, seguramente fue legionario de desgracias, coló en las tablas esta letra como consejo angelical para que los humanos, cuando nos merendamos la Vida, nos acordemos que al final, la salud, el capital y el amor, es la locomotora.
- Me gustaría negociar el orden y las proporciones -le propongo-
- Negociamos lo que quieras pero esta es una verdad como una catedral.
Pago los vinos y salgo de la tasca. Llueve ligeramente, muy fino. Al otro lado del paso cebra un joven con una larga melena ríe de una manera franca, natural y contagiosa con su acompañante. Me produce cierta envidia. El semáforo se pone en verde. El joven empuja vigorosamente las ruedas de su silla sin dejar de reír.
- Estoy seguro de que a veces el jefe tiene motivos para estar orgulloso -pienso- y a pesar de todo, en este gallinero maloliente hay piezas que se ganan el cielo sin pasar por taquilla.