A mí sinceramente me produce risa (porque no me queda pena) ver como a esta nuestra galera nacional en la que han convertido nuestra querida España evangélica los políticos, la tienen martirizada y acojonada día si, día también, los piratas de corbata y diente de oro, empeñados en sacarnos hasta las telarañas de las entretelas. Nos dan a diario en el palo mayor y de tanto cascajo bursátil y bonos del estado que no valen ni el aliento agrio del hambre, nos están dejando el velamen hecho jirones. Del casco no hablamos porque está calao por la carcoma financiera que estos chulillos sobrinos de alcaldes, de tontosdelculo venidos a más gracias al hormigón (lástima no se le engullera en su momento), especuladores de feria, comisionista amigo del amigo, de funambuleros financieros y de dedos largos.
- Total, que los que remamos, nos quedaremos en día menos pensado con el agua al cuello y encadenaos a los restos , bajando para el fondo.
- No te preocupes, que no les interesa que nos hundamos y menos que nos ahoguemos. Valemos remando como jodidos posesos y sudando para arrastrar el oro ajeno.
Y mientras tanto, al tonto de turno, al pirata negro con pata de palo que nos toca en el timón, se le ríen hasta las cornejas alemanas, y sus lugartenientes y lugartenientas con cartera y cara de Barbie pija, que también las tiene, se la juegan por los rincones de la galera trapicheando .
-Al pobre – por llamarlo de alguna manera- no sabe por donde le vienen las hostias, y menos las balas que le están dejando la cubierta hecha un cristo, peor que la cocina de mi santa madre después de la matancía.
A esta galera española ya no le queda ni la bandera y a los pocos españolitos que quedamos con ganas de serlo, nos salen callos en las manos de intentar llevar esta historia hacia alguna parte, pero me temo que las fuerzas se nos quedan flojas de tanto dar vueltas hacia ninguna parte. Pero lo que peor llevo es escuchar a listos y más listos con fórmulas mágicas que se caen del colchón de lana de la abuela, de ingeniosos meapilas con soluciones milagrosas que saben a aceite de ricino, de recortes de mal sastre y peor vendedor, en definitiva, de visionarios mentirosos que sólo han sabido, por el momento, cambiar el papel pintado de la Moncloa.
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