jueves, 30 de diciembre de 2010

La radio matutina

Por las mañanas, de camino a la cantera, tengo por costumbre mientras conduzco mi buga del pleistoceno, oir la radio; más que nada por enterarme si en ese día el sunami divino que barrera de inmundicias este estercolero, está de camino y hago el viaje en balde.....
- Cómo te has levantado de cenizo - me responde Conciencias-
- Déjame tranquilo que termino. Decía que oyendo la radio la alegria inicial con la que normalmente me calzo el día nada más poner los pies en el suelo, se me va escurriendo por el asiento hasta terminar en la alfombrilla del buga. Lamentable. Pero es que la oferta del dial es más penoso que la Belén Esteban. Políticos obscenos por un lado, corruptos y deslenguaos por otro, tramperos carroñeros especulando con mi gasoil, catástrofes varias por algún miserable país perdido en el desván de este mundo, descerebraos que asesinan a sus parejas y ahora a sus hijos; despidos masivos, en fin, que la lista es interminable y variada, pero lo que no me pierdo casi nunca por aquello de alimentar el morbo, es el parte nocturno de la policía municipal. Todas las noches cazan al gavilán de  turno borracho (ahora son alcoholemias) haciendo burradas urbanas (maniobras extrañas en el argot policial) y últimamente ronda la luna algún tipo de pirao urbano quemando contenedores de basura y de regalo, amargando el año al desafortunado que dejo su coche al lado. Total,  que a lo que llego a mi destino y la apago, casi que siento alivio de ser una vulgar cucaracha que a lo sumo, asaltaré al salchichón escondido en la nevera y lo sacrificaré entre una tierna barra de pan.
-- Vaya, eso es transgredir -me die con cierto recochineo Conciencias-
-- A veces también zurzo los agujeros de mis calcetines - le replico-
-- Es que eres un osao.... y un valiente

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