La biblia ya nos previene en sus páginas, pero no me imaginaba que con la crisis, podría suceder de otra manera distinta: la resurrección de los muertos.
Porque sucede que esta "bendita" (seguro que más de uno la bendice) crisis ha conseguido resucitar entre nuestro parque automovilístico, más de un automóvil dado por muerto. Los hay descorchados y tranqueteantes, apestosos por el tubo de escape y, en general, lamentables. Pero también van apareciendo verdaderas antiguallas impresionantemente bien conservados. Citroën Dos caballos, Seat 600 y algún 1500 he visto. Simcas, Renaul 19, 21.... en fin, lo dicho. La resurrección de los dados por muertos. La máquina que yo conduzco también se va de años. Los 90 caballos que supuestamente relinchan cuando les retuerzo el pescuezo con la llave de contacto, me recuerdan que llevan 498.000 km recorridos conmigo encima. Muchos años y muchos recuerdos. La cornisa cantábrica hasta Vigo. El sur por despeñaperros (cuando era un puerto para conductores abigarrados). Todas las rampas y puertos del Pirineo. Desde las Landas francesas hasta su querida bretaña pasando por todo el gótico del Este francés. Cómo no, el radiador de mis 90 caballos respiraron el inconfundible aroma de lavanda que crece metódica por la Provenza. He dormido en mil posiciones sobre la cabalgadura de mi máquina para aborrecer Milán, y decepcionarme con Venecia. Recalentones impresionantes en las largas subidas en 2ª por Suiza. Casi navegó en medio de Hungría en unas tormentas que me sorprendieron en aquel viaje. Y creo que más de una vez compartimos la paz remontando el Rhin por carreteras secundarias en medio de la Selva Negra alemana. Nos aburrimos en Austria pero Interlaken (creo que se llamaban así los lagos) nos sacó del sopor. En fin, sigue siendo compañero inseparable hasta que la muerte nos separe, porque por lo menos mi máquina no resucitó; sus caballos cuando arrancan por la mañana, aunque viejos, me unen a muchos kilómetros de recuerdos y los que somos nostálgicos, nos gusta aferrarnos a esos chupetes porque, supongo, nos afianzan en lo que somos.

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