Dícese que la primavera la sangre altera pero estos calendarios que nos toca deshojar ( y que por cierto vuelven a ser de San Antonio, por aquello de ....) ya no son lo que eran. Este tiempo (más bien de nubes que de relojes) va descompasado y convierte la sangre roja y caliente de primavera en agua roja con sabor fresa. Este tiempo (más bien de relojes que de soles), paró la aguja pequeña en alguna estación olvidada y la máquina de nuestra vida va por raíles que no se bien, si encontrará estación donde bajarse con alegría. A esta primavera, como a este invierno y seguramente a muchas estaciones más que nos quedan por pasar desde la ventanilla de la pesadumbre, le pondremos flores de los chinos y soles de madera. Posiblemente la única esperanza sea contar los latidos para asegurarnos de que somos vivos, porque estar, lo que se dice estar, somos ausentes.

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